domingo, 27 de enero de 2008

Nociones para distinguir el lenguaje literario del discursivo

1.- Noción de desvío:

Puede decirse que la hipótesis desviacionista es común a muy diferentes orientaciones metodológicas y escuelas críticas. La estilística idealista, buena parte de la poética estructuralista y lo más difundido de la estilística generativa suscriben la tesis de que la lengua literaria cabe entenderla como un apartamiento de la lengua llamada estándar o común; este apartamiento o desvío lo es respecto a las normas que rigen el uso cotidiano y comunicativo del lenguaje y supone la existencia de unas estructuras, formas, recursos y procedimientos que convierten a la lengua literaria en un tipo específico y diferenciado de lenguaje que excede las posibilidades descriptivas de la Gramática. Así, se sostiene que la comunicación literaria es diferente a la no-literaria, y por tanto, postula que la literatura se opone a la no-literatura. Pero decir que la lengua literaria es otra lengua es ya una posición teórica muy arriesgada. No obstante, aceptar la noción de desvío de la lengua literaria supone un importante compromiso: el de ensayar una descripción de lo literario como fenómeno lingüístico diferenciado.
Para la estilística idealista, la lengua literaria es un desvío más porque traduce una originalidad espiritual, un contenido anímico individualizado, que por las novedades formales y expresivas que aporte. Este desvío es siempre una capacidad creadora e individualizadota que es lo que se debe descubrir.
La poética estructuralista se mueve, sin embargo, dentro de unas coordenadas teóricas y con unas bases lingüísticas netamente diferentes a las de la estilística idealista. Para esta corriente, la lengua literaria como desvío no está referida ya a las particularidades psíquicas de un creador genial, sino que quedará referida a las formas frente a las que se opone o respecto a las cuales se desvía. Por ello, habrá que definir la norma frente a la cual el lenguaje literario es un fenómeno anormal, diferenciado o excepcional. Por norma se entiende el buen uso, el uso común y general o preferencia válida socialmente y, por tanto, se limitan a definir lo literario como desvío respecto a esa norma lingüística. Para Cohen ( Estructura del lenguaje poético, Madrid, Gredos, 1970 ) la lengua literaria no es sólo desvío, es sobre todo infracción: tiene como esencia quebrantar el código de la prosa. El lenguaje poético supone una constante violación de todas esas leyes que gobiernan el discurso de la prosa científica. Otros autores han entendido, aún así, que el desvío de la lengua literaria lo es respecto a la norma gramatical. Para ellos la norma es el sistema de reglas que originan las frases aceptables en una lengua. Habrá desvíos positivos (figuras o rasgos literarios que suponen adiciones o rasgos suplementarios) y desvíos negativos (aquellos que suponen formas que transgreden alguna de las reglas que gobiernan la gramática)

2.- Noción de desautomatización:

El origen del concepto está en el movimiento teórico literario conocido como formalismo ruso y es sus continuaciones en la Escuela de Praga. Algo no muy distinto de lo que se ha comentado sobre desvío es el concepto de desautomatización del lenguaje. Aunque es una noción más amplia que la de desvío porque dejan de concebir la norma como un fenómeno ahistórico y constantemente lo hace depender de la percepción del receptor. Los formalistas querían ser positivos , casi científicos en su análisis de las características del discurso literario. Pretendían superar la vieja noción de que la poesía era un pensamiento con imágenes y se plantearon el estudio no de la literatura en abstracto, sino de la literariedad, esto es, en palabras de Jakobson (Estilo del lenguaje, Madrid, Cátedra, 1974), de “lo que hace de una obra dada una obra literararia”.
Este principio de la literariedad consistía en resaltar el enorme relieve que en la lengua literaria adquiere la forma del mensaje, la palabra poética; relieve debido en gran parte al mayor volumen de artificios o procedimientos fónicos, morfológicos, sintácticos que convertían la palabra poética en el verdadero y principal objeto del discurso. La idea que da origen a todo este planteamiento es la del extrañamiento de Sklövski. Éste sostenía en su artículo “El arte como artificio” que nuestra percepción del mundo y del lenguaje se encuentra desvanecida y automatizada. Las palabras que proferimos nos son indiferentes y no fijamos nuestra atención en ellas. Ello hace que el lenguaje se automatice porque la relación signo – realidad se convierte en habitual. La habitualización de información resta relieve al discurso que siempre es reconocible y esperado. Las palabras son sólo instrumentos para decir lo que queremos decir y hacer, dejando de interesarnos como tales palabras. Esto es lo que Sklövski quiere contrarrestar, pero, ¿cómo? Aumentando la duración de la percepción mediante el oscurecimiento de la forma, singularizando los objetos y las palabras al aumentar su dificultad formal; en una palabra, mediante el artificio, el mensaje verbal – poético pone de relieve su propia forma, obliga a que fijemos nuestra atención en ella; la lengua poética está construida de manera artificial para que la percepción se detenga en ella y llegue al máximo de su fuerza y su duración.

3.- Función poética del lenguaje:

Jakobson dijo que la poesía es el lenguaje en su función estética y que su rasgo dominante es subrayar la forma del enunciado. Es decir, la función poética es la orientación hacia el mensaje como tal. De l oque se trataba era de decir que en la lengua literaria el factor dominante es la propia forma del mensaje.
El lenguaje poético, por muy distintos medios, es esencialmente recurrente, esto es, lo ya emitido vuelve a aparecer en la secuencia. La lengua literaria construye sus secuencias, sus cadenas, procurando continuas equivalencias con términos ya emitidos, reiterando lo dado, repitiendo en la cadena rasgos fónicos, morfológicos, sintácticos y semánticos. En definitiva, la lengua literaria atrae la atención sobre la palabra por medio de la insistencia en lo ya dado, por medio de recurrencias.

4.- La noción de connotación:

La lengua no sólo denota (señala) sino que también connota o proporciona unos valores complementarios a la denotación, que reflejan o indican diversas informaciones, actitudes y registros. Así, la lengua literaria hay que entenderla como un uso lingüístico diferenciado por el registro o nivel de la lengua que actualiza determinadas posibilidades del sistema de la lengua, pero no como un lenguaje diferente. Dicho de otra forma: el código lingüístico común – el sistema de la lengua – ha de ser, necesariamente, el marco de referencia donde integrar lo literario, cuya especificidad no será sino una modalidad del uso del propio sistema; e incluso más , según Coseriu (“Tesis sobre el tema lenguaje y poesía”, en El hombre y su lenguaje. Madrid, Gredos, 1977), la modalidad literaria es precisamente la que se propone actualizar todas las posibilidades funcionales del sistema lingüístico.

¿Qué es la literatura?

Estamos intentando definir en Primero de Bachillerato qué es la Literatura. Aquí tienen un enlace que los lleva directamente a unos apuntes cuya primera parte puede ayudarlos a centrar mejor el tema de discusión. De la misma manera, la entrada literatura en Wikipedia también aporta algunas claves interesantes que conviene, al menos, leer y tener en cuenta.
Un saludo.

ANTONIO MACHADO


Feliz año a todos. Comenzamos con el estudio en Segundo de Bachillerato de la poesía de Antonio Machado y para ello les dejo aquí un enlace a la página de Aula de letras. Allí podrán encontrar información desde la vida hasta la obra, pasando por diversos poemas del autor. De la misma forma, en este otro vínculo tienen una antología de textos en los que cada uno de ellos está relacionado con una temática distinta. Esta antología es muy útil para preparar los exámenes de clase, los comentarios y el ejercicio de PAU. No lo desaprovechen y descárguenlo.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Sobre educación y lectura

Les cuelgo este artículo publicado el sábado en Babelia sobre lectura y educación. Está escrito por Muñoz Molina.


El libro ilimitado
Antonio Muñoz Molina 15/12/2007

Voy en el metro a media mañana camino de una de mis librerías más queridas de Madrid y aunque llevo abierto el periódico miro de soslayo con un gesto reflejo cada vez que entra en el vagón alguien con un libro en las manos. No siempre es fácil identificar su título, y hay que tener mucho cuidado para que la curiosidad no se confunda con la metijonería. Es como ser un mirón digno que por nada del mundo quiere verse metido en un trance embarazoso. El libro está a veces en una posición casi horizontal, para que reciba mejor la luz del techo, y no es cuestión de adelantar la cabeza y torcer el cuello queriendo mirar la cubierta desde abajo. ¿Cuál será ese libro de bolsillo tan grueso del que no ha apartado los ojos ni siquiera al dar una zancada desde el andén ese lector que acaba de sentarse frente a mí? Lo ha doblado por la mitad, con riesgo de descuadernarlo, lo aprieta como estrujándolo entre las dos manos. Es un joven de veintitantos años con el pelo encrespado de rizos casi africanos, sin afeitar, con una mochila pequeña a la espalda. Da la impresión de que se levantó de la cama con el libro en la mano y que pasó así con él delante del espejo del baño.
Mantengo la vigilancia mientras leo el periódico. El titular de la primera página es el desastre de los índices escolares de lectura en España. Sólo hace unos días la enigmática ministra de Educación aseguró que ella no ve ningún problema en que los chicos usen el teléfono móvil mientras están en clase. La enseñanza pública se deteriora irreparablemente en España gracias a una conspiración de ignorancia tramada desde hace años por la chusma política y la secta pedagógica y las autoridades ya tienen un culpable: el franquismo. Quién si no. Como mi tierra natal está incluso a la cola del desastre leo que la consejera de Educación de la Junta de Andalucía ha descubierto una causa todavía más lejana: nuestro atraso histórico. A ellos, los socialistas que llevan gobernando en Andalucía un cuarto de siglo, que los registren. Pienso en mis maestros, los que me enseñaron contra viento y marea a leer y a escribir y a amar el conocimiento en años de oscurantismo y pobreza; pienso en tantos profesores vocacionales y derrotados que conozco, en las cartas despectivas o perdonavidas o del todo insultantes de pedagogos y expertos, de enchufados de diverso pelaje, que he recibido sin falta cada vez que he escrito sobre las quejas amargas de mis amigos profesores y sobre lo que yo estaba descubriendo con mis propios ojos con sólo hojear los libros de texto de mis hijos y escuchar las historias que me contaban al volver de la escuela.
A los expertos, a los gurús de la jerga psicopedagógica y a los enchufados no les cabía la menor duda: los que alertábamos sobre la degradación de la enseñanza nos habíamos vuelto de derechas y no sabíamos nada, no entendíamos de nada. Ellos sí que entendían: a la vista están los resultados. Cierro el periódico con asco y el hombre joven que leía frente a mí levanta los ojos de su libro. A mi atención de espía le basta un segundo para descubrir el título: es el Viaje al fin de la noche. Ahora parece evidente que el aire de ligero trastorno que tenía ese hombre desde que entró en el vagón procedía de la lectura de Céline. Vamos en el mismo tren de la línea 4 pero su viaje es mucho más hondo y más terrible, un descenso de fiebre por los espantos del mundo. Yo voy por los túneles del metro de Madrid y por el presente inmediato y más bien desolado del periódico: él por las trincheras de la guerra, por la miseria de los suburbios proletarios de París, por el Nueva York futurista de los años veinte, por las tinieblas coloniales del Congo que ya había roturado para la literatura Joseph Conrad.
Ahí lo dejo, sumergido en el libro, continuando su viaje, con su barba de varios días y su mochila de vagabundo celineano. ¿Cuántos lectores como él no llegarán a existir gracias a la gran conjura de los necios y de los comisarios políticos que ha asolado la educación española? Pero no se trata sólo de esa embriaguez, del dulce vicio que le acompaña a uno en la soledad y le hace gratos los minutos de un viaje en el metro: mucho más grave es que la escuela esté fracasando en su tarea de despertar en cada uno sus mejores facultades, de actuar como palanca de progreso social. ¿Qué porvenir laboral tiene un hijo de trabajador o de inmigrante que a los quince años no es capaz de comprender un párrafo de tres líneas? ¿Qué podrá aprender sobre la complejidad del mundo y la de su propia alma quien no cuenta con la luz de las palabras escritas? El nivel cultural y académico de los padres es factor decisivo, asegura el periódico. Subiendo por las escaleras del metro me pregunto con ira y dolor qué habría sido de mí, de tantos de nosotros, si no hubiera sido por la escuela y por el instituto. Nuestros padres, niños en la guerra, escribían y leían con dificultad. En nuestras casas, donde había tan poco, mal podía haber libros. La escuela nos hizo lo que somos.
Soy lo que he leído. Me gano la vida gracias a que existen lectores. En el escaparate de la librería distingo con expectación impaciente el libro que vengo buscando. Verlo me da tanta felicidad como descubrir en un escaparate de la infancia la cubierta en colores de una novela de Julio Verne. Son Los ensayos de Montaigne que acaba de publicar Acantilado, editados y traducidos admirablemente por Jordi Bayod Brau. Muy pronto el gozo de las manos se añade al de la mirada: sopeso el volumen, paso los dedos por su tapa tan sólida, lo abro y rozo las páginas con las yemas de los dedos, y al hacerlo percibo un olor exquisito de papel y de tinta. Por cualquier página que se abra este libro ilimitado se reconocerá la voz sabia y serena, la inteligencia irónica y voluble, la curiosidad entre erudita y chismosa de aquel hombre feliz que se retiró hace más cuatro siglos a escribir y a leer en la biblioteca circular de su torre. Como Cervantes o Shakespeare si empezamos a leerlo nos acompañará a lo largo de toda nuestra vida, y a medida que pase el tiempo y sigamos leyendo nos enseñará cosas que ni siquiera habíamos sospechado en las primeras lecturas. Como el señor don Quijote de la letanía de Rubén el señor de Montaigne nos asistirá en nuestra diatriba contra los fanáticos y los propagadores de la ignorancia, contra los sinvergüenzas, contra los estafadores de la jerga psicopedagógica, contra los políticos que sólo pueden eternizarse en su parasitismo gracias a una ciudadanía analfabeta y embotada. En el viaje de vuelta soy yo quien entra en el vagón del metro con la nariz hundida en el libro, quien se queda tan absorto leyendo a Montaigne que cuando levanta los ojos descubre que se ha pasado de estación. -

lunes, 10 de diciembre de 2007

Cómo no se hace un discurso

Que nuestros políticos atentan, además de contra la razón en numerosas ocasiones, contra el lenguaje, es algo que ya escandaliza a muy pocos. Las leyes educativas nos obligan a enseñar a los docentes la lengua desde la escritura y desde la oralidad, y sin embargo nuestros representantes cojean, y mucho, en todo lo que a dicción, retórica, gestos y buen decir se refiera. Para muestras, este video que he encontrado en el magnífico blog A pie de aula. Reconozco que no podía parar de reír. ¿A dónde vamos a llegar? Muletillas, suspiros, frases hechas, tópicos, peloteo incesante, vacilaciones, incoherencias... Toda una portavoz de Educación en los tiempos que corren.



lunes, 26 de noviembre de 2007

Les Luthiers

Miren este divertido video en el que se ironiza con el uso de los verbos.

VERBOS


Un compañero me pedía hoy actividades y apuntes sobre los verbos. Hay varias direcciones interesantes. La página Apuntes de lengua contine información clara y muy precisa sobre irregularidades, aspecto verbal y perífrasis verbales. Una vez dentro, entren en Bachillerato y allí, en morfología. Para quien tenga prisa, que pulse este enlace.

Aquí tienen unos ejercicios de autoevaluacion que pueden ustedes mismos corregir cuando los concluyan.

Una de las páginas más fiables, tanto para la teoría como para la práctica, es http://www.lenguayliteratura.org/. Tienen información sobre cualquier cuestión de la asignatura, igualmente teórica y práctica. Es una página elaborada por un profesor y en la que todos los materiales pertenecen, de la misma manera, a docentes que colaboran y envían sus propuestas. Son documentos buenísimos y muy recomendables. El enlace a las entradas del verbo es éste.


En la foto adjunta, pueden leer una columna muy interesante que escribió Susana Fortes en el país precisamente sobre el verbo. Que la disfruten.